"El mar que hoy rodea Ibiza parece tranquilo, acostumbrado al turismo y la música en sus playas. Pero hubo un tiempo en que sus aguas eran frontera y motivo de disputa. Cuando el Emirato Omeya de Córdoba extendió su influencia hasta las Baleares en el año 902, Ibiza dejó de ser un rincón periférico para convertirse en cruce de caminos. Lo que ocurrió después no quedó escrito solo en crónicas o mapas, sino en los cuerpos enterrados bajo sus calles; hoy, después de estar esperando más de mil años, podemos contar su historia.
Todo comenzó en una excavación urbana en la calle Bartomeu Vicent Ramon. Allí, bajo lo que debía ser un nuevo edificio, apareció una maqbara, un cementerio musulmán medieval. Más de un centenar de cuerpos fueron enterrados directamente en la tierra, sin ataúdes ni objetos, siguiendo los rituales islámicos de la época de Al-Ándalus".
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